sábado, 25 de junio de 2011

RESPIRACIÓN

Punzadas en el pecho,
curiosidad del dolor
y es que no sé porque,
presentimiento inventado.

Respirar me falta,
tu mirada me calma,
solo desearía saber porque a mí
o es ¿que de verdad sucede algo?

Fuera del contexto me alejo,
y veo todo diferente
tengo más tino de saber que pasa algo,
confío y te veo,
me tranquilizo y digo por fin respiro.

Tu mirada me conversa,
y me calma,
supuestamente ya no debería escribir nada,
porque la vida me sonríe,
y ya todo lo tengo resuelto,
porque te tengo a mi lado.

Pero es que no resuelvo la curiosidad de venir un presentimiento, de porque entra la ansiedad, estoy cansado de que entre ansiedades sin saber porque, risa sarcástica en mi pensar, de suponer un sexto sentido, la llovizna en el taxi adorna las cosas para hacerme sentir más y el señor solo dice: “está lloviendo fuerte”, prende su cigarro, lo miro por el espejo, y luego sigo mirando las calles oscuras, con pistas reflejadas por el agua, y una ventana empañada.


Que puede estar pasando, no lo sé
pero tu tierna voz me llama
y la escucho en ese momento,
que bella melodía en mi oído.

Me interrumpe el viejo diciendo: “por donde”, y se corta el destello. Le indico y de nuevo veo sus ojos achinarse por el acto de fumar y vuelvo a mirar las calles. Un gato caminando por el frio de la humedad y yo solo te sueño despierto y te espero. Llega el momento de la despedida, “señor de frente sale a Angamos”, deja de fumar el viejo y por su espejo dice “gracias”.

Paso a paso ya estoy más tranquilo,
la humedad y el frio me ayudan a respirar,
y mi alivio.
la medicina es pensar en ti,
y es que enamorarme más es la solución,
y resolver las inseguridades rodeadas,
las cuales no existen, desaparecerlas.

Oscuro el cuarto, y solo la luz de noche por la venta, me siento, mi cuerpo está cansado. Te llamo y de verdad te llamo hasta por los pensamientos,

Entra el frio, y me acuesto, pues ya quiero respirar.
Esperanza de verte en el sueño,
esperanza de hablar contigo,
pues ahí si respiro y tengo explicaciones,
los ojos se cierran con una sonrisa,
porque ya te veo.

UNA NOCHE MÁS DEL CAMINANTE


Caminante en dirección al capullo con ruedas, se le pasa uno y al él no le interesa y es que camina lento con la mirada en el suelo porque hay una conversación interna, entre su alma y corazón junto con la conciencia y razón. El corazón con el alma dice si puedes solo hazlo y camina, pero la conciencia es más fuerte y dice que no debe. El corazón junto con su alma quieren retroceder el paso e ir a otro lado, al lugar deseado, pero la conciencia gana la discusión y ordena al cuerpo que se mueva, que ¡gran enfrentamiento!

Se apoya en una baranda mira el techo, está feliz pero entra en él un momento diferente, que es por la culpa de una frustración y aquella es provocada por efectos externos. La noche se siente más calmada y el tiempo anda despacio pues una llovizna intercede en los pasos. Llega el capullo con ruedas, el caminante entra y se sienta.

Ya sentado por un buen tiempo, cuando ya la sentencia del acto había logrado su cometido, o sea ya no había nada que hacer, sumado a que en todo momento el caminante miraba sus pies, de pronto, levanta la mirada y logra ver la sonrisa de un niño, por un instante le devuelve las ganas, y es que el caminante está feliz, pero por el tiempo se volvió lento y entró en él un momento diferente. Y es que no la pudo ver.

Llega al lugar donde debería bajarse… y se baja. La noche esta diferente, pues le habla de mil maneras y es que de verdad la noche esta diferente pero más que todo él ésta viendo todo diferente. Primero logra ver una pareja abrazándose y entra ellos compartiendo sus cosas. Sigue caminando y solo escucha el ruido de las llantas con el agua, pero tiene que ir a esperar otro capullo.

Ya una vez que llegó a la zona donde el capullo vendrá a llevarlo, al costado de él se para un señor y empieza a soltar hipos, el caminante se da cuenta y es que el señor estaba ebrio, y luchaba con mantener el equilibrio, porque a las justas se podía parar. El caminante se aleja un poco, pues tenía ganas de reírse.

Llega el capullo el cual acepta que el caminante suba para que le pueda llevar hasta su hogar, pero antes de subir él mira los ojos del ebrio y no pudo encontrar nada de fondo, pues por ahí la noche no le habló y es que eso lo que cree.

Ya estando dentro del capullo, había mucha gente, y él se sentía diferente, pues no logro verla. Baja pues el capullo avisa de que ya llego su parada, y cuando camina para su rumbo, ve un niño llorando con una señora, tal vez su madre, que estaba a costado. Lo que resaltó fue la forma de cómo lloraba, eran unas lagrimas tiernas, era un lloriqueo silencioso, pues el niño no gritaba, y es que en sus ojos el caminante encontró algo semejante aquel día, aquella noche, aquella historia de media hora, donde él está feliz pero no poder hacer algo hizo que la forma de mirar las cosas sean diferente.