sábado, 25 de junio de 2011

UNA NOCHE MÁS DEL CAMINANTE


Caminante en dirección al capullo con ruedas, se le pasa uno y al él no le interesa y es que camina lento con la mirada en el suelo porque hay una conversación interna, entre su alma y corazón junto con la conciencia y razón. El corazón con el alma dice si puedes solo hazlo y camina, pero la conciencia es más fuerte y dice que no debe. El corazón junto con su alma quieren retroceder el paso e ir a otro lado, al lugar deseado, pero la conciencia gana la discusión y ordena al cuerpo que se mueva, que ¡gran enfrentamiento!

Se apoya en una baranda mira el techo, está feliz pero entra en él un momento diferente, que es por la culpa de una frustración y aquella es provocada por efectos externos. La noche se siente más calmada y el tiempo anda despacio pues una llovizna intercede en los pasos. Llega el capullo con ruedas, el caminante entra y se sienta.

Ya sentado por un buen tiempo, cuando ya la sentencia del acto había logrado su cometido, o sea ya no había nada que hacer, sumado a que en todo momento el caminante miraba sus pies, de pronto, levanta la mirada y logra ver la sonrisa de un niño, por un instante le devuelve las ganas, y es que el caminante está feliz, pero por el tiempo se volvió lento y entró en él un momento diferente. Y es que no la pudo ver.

Llega al lugar donde debería bajarse… y se baja. La noche esta diferente, pues le habla de mil maneras y es que de verdad la noche esta diferente pero más que todo él ésta viendo todo diferente. Primero logra ver una pareja abrazándose y entra ellos compartiendo sus cosas. Sigue caminando y solo escucha el ruido de las llantas con el agua, pero tiene que ir a esperar otro capullo.

Ya una vez que llegó a la zona donde el capullo vendrá a llevarlo, al costado de él se para un señor y empieza a soltar hipos, el caminante se da cuenta y es que el señor estaba ebrio, y luchaba con mantener el equilibrio, porque a las justas se podía parar. El caminante se aleja un poco, pues tenía ganas de reírse.

Llega el capullo el cual acepta que el caminante suba para que le pueda llevar hasta su hogar, pero antes de subir él mira los ojos del ebrio y no pudo encontrar nada de fondo, pues por ahí la noche no le habló y es que eso lo que cree.

Ya estando dentro del capullo, había mucha gente, y él se sentía diferente, pues no logro verla. Baja pues el capullo avisa de que ya llego su parada, y cuando camina para su rumbo, ve un niño llorando con una señora, tal vez su madre, que estaba a costado. Lo que resaltó fue la forma de cómo lloraba, eran unas lagrimas tiernas, era un lloriqueo silencioso, pues el niño no gritaba, y es que en sus ojos el caminante encontró algo semejante aquel día, aquella noche, aquella historia de media hora, donde él está feliz pero no poder hacer algo hizo que la forma de mirar las cosas sean diferente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario